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lunes, 6 de febrero de 2012

¿Por qué y para qué competir si cooperar es 'esencia humana'?

¿Por qué y para qué competir si cooperar es ‘esencia humana’?
Herman Van de Velde
La situación económica mundial no da para más. Sólo de ‘crisis y recesión’ se habla. Las relaciones internacionales son de las más injustas y autoritarias que nos podemos imaginar. Promete Obama que Estados Unidos seguirá dominando el mundo, guste o no guste. Se trata de un país que protege a terroristas comprobados, como Posada, y echa preso de por vida, injustamente a 5 héroes luchadores contra el terrorismo, también comprobado, dirigido a su país de origen. Se trata de un país que es capaz de bloquear económicamente a otro país durante más de 50 años, aunque éste sea el país más solidario del mundo, donde, además, no duermen niñas y niños en la calle, ni nadie carece de salud y educación de calidad, como es Cuba. ¿Los Estado Unidos pueden decir lo mismo? Se habla ya, sin dudarlo mucho, de grandes posibilidades de una tercera guerra mundial.  “Tenemos que reaccionar”, dice el profesor, de reconocimiento internacional, el psicoanalista, Paul Verhaeghe[1]. Fue un artículo suyo que me motivó escribir esta reflexión.
“Tenemos que hacer algo”, no hay alternativa. La clave es CÓMO actuar, CÓMO reaccionar frente a la problemática que se vive a nivel mundial: un mundo dominado por intereses económicos, en donde todo se ha convertido en un PRODUCTO y en el cual rige una ‘meritocracia’[2].  En la meritocracia se responsabiliza a cada quien de lo que logra o no, partiendo de que supuestamente toda persona tiene las mismas oportunidades en la vida. Quien falla lo debe a sí mismo/a. Tener talento y trabajar duro sería suficiente para garantizar el ‘éxito’. El criterio predominante para el éxito, por supuesto, es ganancia y dinero. Y de esta manera, como consecuencia ‘evidente’, todas las personas que nos movemos en el mismo contexto nos convertimos en ‘competidoras/es’.
El neo-liberalismo, como ‘mentalidad’ (el conjunto de las disposiciones actitudinales de una persona o predominante en una comunidad o sociedad), se ha impuesto en cada una/o de nosotras/os y se ha convertido en el supuesto reflejo de la ‘esencia’ humana: ‘competidora’, la ley del o de la más fuerte, egocéntrico y egoísta, totalmente responsable por lo que ha logrado (‘la pobreza es consecuencia de quienes no quieren trabajar’), no hay causas socio-políticas y económicas, sino sólo personales. ¿Por qué se aplazó? Porque no estudió, porque no puso atención… ¿Reconocen las propuestas? Nunca, porque el sistema es alienante, porque el tipo de evaluación no corresponde, porque el enfoque está en la enseñanza y no en el aprendizaje, etc. No, estos argumentos no valen. Sólo es el esfuerzo PERSONAL que permite superarse… ¿Y las condiciones, el ambiente,…?
En una meritocracia, como ya planteé, todo se convierte en PRODUCTO, no importa el proceso. Sin embargo, hablando de productos: ¿no es la injusticia e inequidad social que vivimos en este mundo, justamente el primer producto de esta mentalidad neo-liberal? El neo-liberalismo nos ha llevado a esta realidad de fracaso económico, de fracaso en cuanto a convivencia social (guerras, inequidad, terrorismo, ..) donde el estado más terrorista del mundo acusa a otros estados de terrorismo, expresión de una falta de todo mínimo de ética, productos de inequidad, desigualdad en oportunidades, injusticia social,…
La desigualdad socio-económica, la brecha entre ricos y pobres es más grande en América Latina, sin embargo con excepción o rectificación progresiva en aquellos países donde se construye un sistema alternativo al neo-liberalismo, como Cuba y Venezuela, en primer lugar, como Ecuador, Bolivia, Nicaragua y otros países en camino, contando con una cooperación genuina entre países, como es el caso de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América.
El anteriormente mencionado psicoanalista, Paul Verhaeghe ([3]), hace referencia a una investigación de Wilkinson y Pickett, en la cual se demuestra que hay una correlación perfecta entre la brecha de diferencias de ingresos en una sociedad y casi todos los parámetros de salud: mayor la brecha, entonces también mayores índices de deficiencia mental, embarazo adolescente, muerte infantil, agresión, criminalidad, drogadicción, también nivel de esperanza de vida más bajo, menor nivel de salud física, resultados educativos más bajos, menor movilidad social y niveles de sentimiento de seguridad y felicidad más bajos. Y esta correlación, tal vez sorpresivamente, es válida para todas las clases sociales, no sólo para las más bajas. Es decir: en una sociedad caracterizada por mayor desigualdad socio-económica, habrá, a nivel de todas las clases sociales, menor felicidad y mayores problemas de salud, de educación y de toda índole.
El neo-liberalismo se ha impuesto en la mentalidad, no sólo colectiva, sino también personal, tal que defendemos, de manera generalizada la ‘competencia’ como uno de los valores que nos llevan al éxito (que es dinero) y se nos olvida que realmente ‘el neoliberalismo destaca lo peor del ser humano y oprime lo mejor’ ([4]), tanto a nivel laboral como en la educación.  Desgraciadamente tenemos que reconocer que la mentalidad neo-liberalista la tenemos por dentro, ya que nos la han impuesto desde siempre.
Sólo analicemos lo que hacemos en educación, en todos los niveles: premiar al que más puntos (¿más dinero?) sacó. Tal que, cuando les ponemos los resultados finales de una asignatura en la pared (universidad), las y los estudiantes pasan mucho más tiempo observando e interesadas/os en los puntos de las y los demás, que en sus propios resultados (¡comprobado!). Lo que valen son tus PUNTOS, como sea… y los puntos se logran en exámenes, pero ¿estos exámenes miden qué? Exámenes que miden conocimientos en contextos adversos al propio ‘ser’ (tensión, nerviosismo, ambiente artificial,…), ni comparables con la vida real. La cooperación genuina y la solidaridad brillan por su ausencia a la hora de evaluar nuestros aprendizajes.
¿Alguien sabe de alguna investigación seria que DEMUESTRA que una educación basada en competencias (enfoque de contenido) NO promueve la 'competencia' (enfoque metodológico)? Hago esta pregunta porque algunas/os compañeras/os en el debate mantienen que no se puede confundir 'competencia' con 'competir'.
¿Y dónde está en todo esto, el disfrute de la relación social, el encuentro humano, el encuentro entre humanas/os, más allá de las ‘prestaciones’, más allá de los puntos, y más cerca del aprendizaje desde y en una vida real? ¿Dónde está nuestro compromiso, no con los puntos, sino con nuestro aprendizaje significativo, el disfrute por el aprender en sí, la motivación intrínseca? ¿Dónde aparece y se valora la complementariedad y el aporte de cada persona?
¿Hasta cuándo nuestra escuela se va a convertir en un contexto adecuado para la construcción colectiva de cada vez más nuevas oportunidades de aprendizaje, en las cuales hay lugar para la toma de iniciativas de calidad creciente? ¿Hasta cuándo nuestras escuelas van a seguir siendo lugares que provocan miedos y frustraciones? Estos miedos y frustraciones que, por supuesto, tienen aún más incidencia en las personas que viven en condiciones más desfavorables, lo que implica una práctica exclusiva. Pero la exclusión no es precisamente el problema más prioritario para la mentalidad neo-liberal.
No es suficiente promover una política inclusiva, a nivel de intenciones, sino que ésta debe convertirse en una práctica inclusiva. Para esto tenemos que crear condiciones, juntas/os entre representantes institucionales, docentes, estudiantes, madres y padres y la vecindad, que permitan ir construyendo colectivamente nuevas oportunidades de aprendizaje, que integren necesariamente actitudes emprendedoras de calidad creciente, no para competir sino para cooperar genuinamente.
Tenemos que trabajar para que la situación de dependencia (quien no sabe depende de quien supuestamente sí sabe) se supera hacia una inter-dependencia donde todas y todos tenemos algo que aportar, donde cuentan conmigo y con vos, porque sólo cooperando genuinamente vamos a poder llevar a cabo un proyecto de vida personal y social, basado en respeto propio y social: la sociedad me necesita y yo necesito a la sociedad, somos un solo ‘cuerpo social’. No puede ser que un joven (ocurrió!) de 22 años expresa: “para qué voy a estudiar si ni sé si voy a vivir mañana”.
En el contexto del día de hoy, NO ES CIERTO que cada quien puede lograr lo que quiere siempre y cuando se compromete con la causa. NO ES CIERTO que cada quien cuenta con las condiciones idóneas para realizar sus sueños. Ni para poder soñar tenemos las mismas condiciones, ni literalmente. Sin embargo: “¡Para poder cambiar, primero hay que soñar!”
NO ES CIERTO que hay, ni aquí, ni en Europa, ni en Estados Unidos, justicia social y equidad o igualdad de oportunidades. La brecha entre pobres y ricas/os es enorme… y como vimos anteriormente, más grande la brecha, menor felicidad, menos condiciones que apuntan a una calidad de vida (más enfermedad, peor educación,…).
¿Será que las universidades realmente deben convertirse en fábricas de conocimiento que desarrollan competencias en sus estudiantes para que puedan integrarse de inmediato a la vida empresarial o laboral en general? Sigue la/el competente, cae el/la incompetente… ¿Es este nuestro papel… y punto? ¿Una educación exclusiva? ¿Y el pensamiento crítico, y la solidaridad, y la convivencia social, y el emprendimiento cooperativo, y los sentires, y…?
La educación basada en competencias encontró un contexto ideal para desarrollarse en un modelo pedagógico que se base en una supuesta ‘neutralidad’, apuntando y orientándose únicamente al PRODUCTO a lograr: perfiles concretados en competencias a alcanzar. Ya escucho decir “no es cierto también se trabaja el cómo y, por ejemplo, la metodología se basa en el constructivismo”. ¿Cuál constructivismo? Mucho se ha hablado de constructivismo, sin embargo muy poco lo hemos visto en la práctica, menos aún el constructivismo ‘social’ como, en circunstancias se califica el aporte tan importante de Vigotsky. Pero sí es verdad que ha habido un enfoque metodológico bien definido: la competencia. La ‘competencia’ como producto y la ‘competencia’ como proceso para llegar a alcanzar este producto: una clara interrelación, no casual.
Verhaeghe plantea que los objetivos iniciales de una educación basada en competencias tal vez son comprensibles: partir de las habilidades que requiere la vida laboral, de tal manera que jóvenes sean capaces de ir diseñando su propio camino, aparte de incidencias religiosas y/o ideológicas. Sin embargo, menciona que ya pronto se amplió el conjunto de habilidades (competencias) desde competencias prácticas (manejo de idioma,…) hacia características personales (ser flexible,..) y finalmente hacia la ‘personalidad’ en sí (la persona como gestora de su propia vida). Indica que la relación con el neo-liberalismo es clarísimo, al expresar frases como: ‘conocimiento es capital humano’; ‘las competencias constituyen un capital que hay que gestionar y desarrollar’; ‘aprender es una inversión a largo plazo’, etc. El objetivo se lee como auto-gestión y emprendedurismo: jóvenes deben considerarse como una empresa, en lo que conocimiento y habilidades tienen, tanto en primer como último lugar, un interés económico, ya que aumentan su valor de mercado. Con esto, la educación por competencia, claramente implementa la ideología neo-liberal en las escuelas, a todos los niveles. Tal que tampoco nos tiene que extrañar que al orientar una tarea, la o el estudiante nos pregunta de inmediato: “¿cuánto vale?” (es decir: qué puntaje me puedo ganar, no pregunta por lo que puede aprender con el cumplimiento de la tarea). Defender una Educación basada en competencia por un lado y por otro criticar el egoísmo y el materialismo ‘bruto’ de la juventud es una contradicción en sí, ya que ambos son coincidentes en lo que pretenden lograr, y la primera promueve directamente las actitudes mencionadas.
De acuerdo a esa nueva identidad (el ser como empresaria/o), también se identifica un nuevo objetivo de vida: ‘el éxito’. ¿No es esto lo que les deseamos a cada promocionada/o después del acto formal de entrega de diplomas?  El deseo de ‘éxito’ está omnipresente: éxito en los exámenes, éxito en sus vacaciones, éxito en tu relación, éxito en el trabajo. Ya no se trata de buscar una vida ‘buena’, ‘íntegra’ e integral, sino se trata de efectividad, eficiencia y una ganancia material siempre creciente. Desde este razonamiento no hay problema ético alguno en que un banquero, desde una posición gubernamental, logra emitir unos certificados, de los cuales, como banquero privado, es el primer beneficiado, todo bajo un contexto ‘legalizado’.
Al otro lado de la medalla se encuentra un grupo creciente de personas que se frustran, desde pequeñas/os, ya que son consideradas/os y se consideran ‘perdedoras/es’ (con la autoestima destruida, como aquel joven que se preguntaba por el sentido de hacer algo si a lo mejor el día siguiente estaría muerto). Las y los perdedoras/es tienen varias alternativas (a lo mejor reconoces personas en tu contexto):
  1. Rebeldía y protesta directa (en la calle, pinturas, grafitis, gritos, murales,…) como una expresión de demanda y reivindicación de derechos.
  2. La protesta indirecta negativa (alcohol, droga,…), por lo general juntándose entre sí en grupitos, en situación de riesgo, o, en el peor de los casos, en maras delincuenciales.
  3. Retirarse, con miedo social, depresivo y retornado en su propio mundo limitado, fatalismo.
  4. Consumismo (drogas, la marca que está de moda, tarjeta de crédito, lujo,…).
  5. Suicidio, como expresión máxima de una huida sin salida.
La alternativa más promovida y deseada por el mismo sistema basado en competencias es por supuesto la cuarta… ¿Quién lo duda?
Con Verhaeghe, retomo la pregunta clave: ¿cómo reaccionar ante esta situación y contra qué o quién?
Todas/os nos quejamos del sistema, sin embargo nadie lo ‘agarra’, de allí que nos sentimos sin poder y como consecuencia nos enfrentamos a una violencia ‘sin sentido’. La palabra mágica es ‘cambiar’ y empezar a vivir según nuestra capacidad, pero: ¿cambiar para qué?
. NO, para sostener un sistema económico (neo-liberalismo) que ya demostró su incapacidad para garantizar equidad y justicia social
. , para cambiar el sistema, con franqueza, voluntad y compromiso.
Esto tiene implicaciones a diferentes niveles (retomados en parte de Verhaeghe):
  1. En lo macro… entre otras cosas:
-       Impuestos más bajos sobre trabajo, impuestos más altos sobre rentas y especulación.
-       Reducir lo más posible la brecha entre salarios altos y bajos.
-       Formalizar la economía de manera justa, sin castigo, sino con objetivos cooperativos.
-       Un sistema educativo y de salud, independiente del mundo comercial, es decir totalmente GRATIS y de CALIDAD.
-       Educación, basada en Actitudes Cooperativas: inclusión, ética, solidaridad,… anulando conscientemente la competencia.
-       Construir y desarrollar un sistema educativo donde en primer lugar se prioriza y se profundiza el cómo (cooperación genuina, metodología,…), mucho más que el qué (competencias, perfiles, planes, programas, discursos, currículum abierto y oculto,…). Un discurso mal desarrollado y mal compartido no tendrá impacto alguno, aunque su contenido, su mensaje en esencia es muy bueno. Mientras que si el enfoque metodológico permite y promueve, en cooperación genuina, la toma de conciencia social crítica, entonces hasta que estaremos en capacidad de identificar aquellos contenidos que más bien son alienantes y engañosos, lo que también es muy importante.
-       Salud preventiva como prioridad, pública y masiva.
-       Inversión masiva en redes sociales cooperativas, restitución de derechos, desarrollo de proyectos sociales que responden a las necesidades más sentidas de la población.
-      
El cambio debe favorecer la sociedad, no el sistema económico neo-liberal impuesto por injustas relaciones internacionales.
  1. A nivel micro (mi persona, la gente con quien convivo como niñas/os, jóvenes, hombres y mujeres, el vecindario, la comunidad y el barrio)
Con lo anterior aún lo tenemos fácil, criticando el sistema y dejando la responsabilidad que otras personas no cumplen para garantizar el debido cambio, además aún nos queda echar la culpa a la gente que no quiere trabajar, a quienes tienen vicios, a la explotación por las/os empleadoras/es, etc.  Sin embargo, caemos en lo mismo: o gritamos por las injusticias o nos retiramos depresivamente en la esquinita de la casa… hoy una cosa, mañana la otra… una característica típica inducida por el neoliberalismo.
Pero, ¿qué podemos hacer?
-       Identificar la ‘esencia’ positiva en el SER humano: su capacidad de convivencia solidaria, de cooperación genuina (algo que podemos constatar en tantas ocurrencias diarias de la vida, en la familia, en el barrio, en la comunidad, en el trabajo,…), no caer en el positivismo neo-liberal como ideología, sino vivir desde una ‘positividad’ como actitud socio-psicológica y pedagógico-metodológica ante la vida, ante sí misma/o y, como consecuencia, también ante las y los demás.
-       Dejar a un lado el cinismo con el cual se considera que la construcción neo-liberal constituye la verdad exclusiva. Y aunque la maldad (egoísmo, competitividad, agresión,…) está dentro del ser humano, igual contamos con mucha bondad (cooperación, solidaridad, empatía,…) y será el contexto, el ambiente que determina cuál de ambas, la maldad o la bondad, se exterioriza predominantemente. Y ese ambiente, lo construimos, en gran medida, entre todas y todos. Pongámosle mente a la construcción colectiva de cada vez nuevas oportunidades de aprendizaje, de vida, integrantes de una actitud emprendedora cooperativa de calidad creciente.
Además: ¿cuándo nos sentimos mejor? ¿Al entrar en mera competencia, bajo tensión permanente (como es el caso cuando hacemos un examen), o más bien al cooperar entre varias personas y lograr, en un ambiente de armonía y fraternidad, la construcción de una nueva oportunidad para aprender y expresar lo aprendido, tanto personal como colectivamente? ¿Qué te provoca cuando te das cuenta que la otra persona te aprecia, te valora por lo que se comparten? ¿No está allí la máxima satisfacción (sentimiento de felicidad) de nuestro ‘querer SER’? Se trata aquí del tratamiento ideal contra la depresión, la que es resultado de un sentir de “no puedo hacer nada, nada sirve, así soy, la culpa es por la niñez que viví,…”.
-       Entonces el tratamiento está en asumir y compartir responsabilidades, también en el aula de clase, en los talleres de capacitación, en los cursos virtuales, en… tanto como docentes-facilitadoras/es, como estudiantes-participantes.  En la sociedad: en vez de ser consumidor(a) convertirnos en ciudadana/o, consciente de nuestro papel a jugar para lograr un cambio positivo del sistema, tal que todas y todos tengamos los mismos derechos y deberes, sin excepción, que haya inclusión e integración social total. Esto implica compartir poder ciudadano de manera activa, constructiva y cooperativa.
-       Lo anterior implica la construcción de una nueva ética, una ética revolucionaria, una ética de la que nos habló y escribió el educador popular Carlos Núñez, donde tanto la persona (el núcleo de la sociedad no anónima) como la comunidad se integran en un solo, ya que ni una existe sin la otra, NUNCA!!! Somos persona, somos sociedad… ambos al mismo tiempo, nunca por separado.
-       Optar por seguir luchando por una vida personal y social con calidad real y posible, lo que implica ciudadanía consciente. Calidad de vida no es un asunto personal, sino un hecho compartido, un hecho social, en el cual están involucradas las demás personas de mi familia, de mi comunidad, de mi barrio, de mi centro de trabajo, etc. ¡Nos cuidamos y crecemos juntas/os, un desafío colectivo!
-       Aprender a manejar diferente nuestras compras (manejo del dinero). Estar consciente que comprar a crédito sale el doble o triple de caro. No caer ante el consumismo. Hacer compras de manera consciente: ir a comprar en aquel súper donde la gente beneficiada sea un colectivo de trabajadoras/es, antes que una empresa internacional que lleva las ganancias fuera del país y las consigue explotando a sus trabajadoras/es de la localidad. Comprar en función de calidad, no de cantidad. Revisar las fechas de vencimiento de los productos. Demandar calidad en la atención. No comprar aquellos productos de marcas internacionales que sabemos que provienen de empresas con prácticas sociales y medio-ambientales nocivas para nuestra salud física y mental.
-       Construir ‘autoridad’ positiva. La autoridad juega un papel ‘esencial’ en todo proceso educativo. Tenemos que construir esta autoridad de manera positiva, es decir en función de promover cooperación genuina, no para imponer, sino para invitar a la reflexión crítica personal y colectiva, el intercambio activo y el co-asumir responsabilidades de manera consciente.
-       No conformarnos con ser actoras/es consientes en escenarios ideados, creados y construidos por otras personas e instancias, sino también prepararnos para cumplir un papel constructivo como autoras/es de nuevos escenarios socio-económicos y políticos, siempre caracterizados por mayor equidad y justicia social, más cooperación genuina, más solidaridad.
-      
Si creces en un ambiente donde la norma es sobresalir y ser ‘exitosa/o’, entonces la consecuencia es que muchas personas, ya a temprana edad, se salen del camino (educación excluyente). Coherente con el modelo neo-liberal, cada niño/a aprende, desde el inicio, a ser muy competitiva y hasta agresiva en relación a las y los demás niñas/os, quienes, de hecho, son sus competidoras/es. Hace poco alguien me comentó que su hija se fue de la escuela porque no lograría estar en primer lugar porque una compañera de clase, con mucho dinero, siempre saldría en primer lugar. ¿Cómo lo interpretamos?
No confundamos ‘éxito’ con ‘calidad’, ni con ‘dignidad’. Reflexionemos al respecto… teniendo presente que el origen de la palabra (‘exitus’ en latín) ya refiere a ‘salida’, o sea apunta al producto, no al proceso.
En este tiempo, donde tantas tareas ya las pueden asumir las computadoras, donde el conocimiento (los datos, la información) está de fácil acceso, … ¿por qué no dar más atención a la formación integral? ¿Por qué no construir, entre todas/os un ambiente que permita ‘dar luz’ a las bondades del ser humano? Seguramente resultaría en una niñez, feliz en ir a la escuela donde se contribuye a su desarrollo acorde a sus propias necesidades y potencialidades y las de su comunidad, de la que es ‘esencia’.  Seguramente resultará en jóvenes felices con su universidad, concibiéndola como un espacio, como una oportunidad de intercambio y de aprendizaje cooperativo, proceso en el cual también cada una/o de ellas/os juega un papel importante, no sólo como actor(a), sino también como autor(a).
¿Por dónde andamos en nuestro espacio educativo? (universidad, escuela, organización, espacio virtual, el hogar, la vecindad,…)
Y para finalizar una pregunta personal para cada quien:
¿En cuál de las siguientes dos situaciones garantizamos mayor 'felicidad' (satisfacción 'esencial')?
1. ¿Al entrar en competencia con las y los demás, donde todas/os somos competidoras/es y habrá siempre perdedoras/es (las y los no mejoras/es) y ganadoras/es (las y los mejoras/es según criterios establecidos por agentes externas/os)?
2. ¿Al cooperar entre nosotras/os mismas/os y lograr un aprendizaje colectivo y personal donde todas/os aprendimos, desde una cooperación genuina entre personas con los mismos derechos y los mismos deberes? ¿Han tenido la oportunidad (seguro que sí) de sentir la satisfacción al cooperar entre varias personas por descubrir e identificar nuestros avances sustanciales, tanto a nivel personal como a nivel del grupo?
Un abrazo solidario para todas/os,

Herman Van de Velde
www.abacoenred.com
4 de febrero 2012.
Estelí, Nicaragua


[1] Verhaeghe P., Inleveren, voor of tegen het neoliberalisme. http://www.dewereldmorgen.be/artikels/2012/02/01/inleveren-voor-tegen-het-neoliberalisme - Consultado el 2/2/2012.
[2] MERITOCRACIA: …el concepto de meritocracia se refiere a aquellos sistemas políticos donde se accede a los cargos de poder, no por el nacimiento o la riqueza (o sea, según pautas de adscripción) sino por los méritos (pautas de realización). En las sociedades industriales avanzadas, esos "méritos" se refieren en principio al desarrollo de la inteligencia y de los conocimientos, a las capacidades intelectivas evidenciadas y sancionadas por el sistema escolar, base indispensable (pero no suficiente) para tener acceso a la clase dirigente e iniciar luego un "cursus honorum" basado en el desempeño de cargos de creciente importancia, hasta donde lleguen las posibilidades evolutivas y la combinación de circunstancias de poder y de apoyos de cada uno. El planteo meritocrático, …, ha merecido juicios favorables (ya que implica un justo reconocimiento de los méritos acumulados a partir de una base de igualdad de oportunidades) y juicios negativos (que niegan que sea real tal igualdad de oportunidades o hacen notar que de ese modo se produce una clase dirigente totalmente ajena a los valores y sentimientos del grueso de la población).  Arnoletto, E.J.: Glosario de Conceptos Políticos Usuales, Ed. EUMEDNET 2007, texto completo en http://www.eumed.net/dices/listado.php?dic=3
[3]Verhaeghe P., Inleveren, voor of tegen het neoliberalisme. http://www.dewereldmorgen.be/artikels/2012/02/01/inleveren-voor-tegen-het-neoliberalisme - Consultado el 2/22012.
[4] Ídem

viernes, 20 de enero de 2012

Actitud cooperativa vs. competencia

Las ‘competencias’ en educación y su fondo político - ideológico
20 de enero del 2012.
(retomado de un artículo propio del 2007, ampliado y actualizado)
Con mucho interés leí, hace tiempo, un artículo de Renán Vega Cantor: “Las ‘competencias educativas’ y el darwinismo pedagógico”.  Me gustó tanto su exposición que decidí incluir este artículo como anexo al ‘texto de consulta y de referencia’ de la Maestría VIRTUAL en Gestión del Desarrollo Comunitario (www.abacoenred.com) sobre ‘Procesos de Facilitación’, a la par de otro artículo sobre ‘Diseño Curricular basado en Competencias’.
Me permito reflejar unas reflexiones muy personales sobre la temática de las competencias.
Es ampliamente reconocido el hecho que el término ‘competencia’ proviene del mundo laboral, y particularmente desde Estados Unidos.  Es importante considerar lo anterior, ya que es un contexto que lleva una intención que sigue marcándose en muchas de las situaciones donde se emplea el concepto ‘competencia’ en la actualidad.
Al hablar de las competencias, me hago la pregunta en cuanto a la connotación ideológica implícita que lleva el ‘simple’ uso del término, todavía antes de aclarar su significado (que de hecho no es único, sino muy diversificado).  ¿En educación se trata de ‘competir’? ¿Competir entre quiénes? ¿Competir para qué? ¿Cuál es su finalidad?  ¿A quiénes beneficia? ¿Competir con base en qué criterios? ¿Quiénes los definen?...  ‘Carreras de competencia’ me dejan malos sabores, ya que huelen a ‘competir a muerte’, o sea pasar una/o encima de otra/o, alcanzar tus metas a pesar de las aspiraciones de otras personas...  ¿Es la intención de ‘competir’ un antónimo para la intención de ‘cooperar’?
He aquí otra connotación: ser competente implica que hay otros seres INcompetentes (pero ojo: ‘seres’ también).  Seres que (¿ya?) no pueden competir... ¿o que pierden al competir?  Quien no gana una competencia, ¿es incompetente? ¿Tiene que ser así?  Estoy seguro que no... un segundo lugar es tan importante como un primero... un 92% ó un 87% no indica una diferencia de calidad, necesariamente. No es cierto que en el primer caso, necesariamente, haya más competencia que en el segundo.
Los significados del término ‘competencia’, con regularidad se asocian con ‘rivalidad’, ‘oposición’, ‘duelo’, ‘riña’, ‘pendencia’, ‘disputa’, ‘lucha’ o ‘pugna’ y en el marco de los mercados de libre comercio no es tan inusual escuchar expresiones como: hay que hundir a la competencia...  Se hace referencia a una competencia leal o desleal.... ¿pero quiénes ponen los límites entre una y otra?
Un antónimo de ‘competencia’ sería: ineptitud.  ¿Identifica la o el lector(a) la connotación negativa, descalificativa al referirse a alguien como INEPTO, no competente?
Al referirse a las ‘competencias’ como algo positivo, como la ‘habilidad’, la ‘capacidad’,... siempre se trata de una referencia RELATIVA, es decir: una competencia para... por ejemplo realizar una tarea determinada... tal que alguien puede ser competente para una cosa, sin embargo no necesariamente en otra.  De allí el concepto de ‘competencia laboral’ y dentro del área laboral, las competencias ‘profesionales’.  En estos casos se trata del conjunto de conocimientos, capacidades y habilidades de una persona para cumplir en tiempo y forma con las tareas que demanda un espacio laboral, de acuerdo a los criterios definidos. OJO: desde este punto de vista una Educación basada en Competencias sigue priorizando CONTENIDOS y no prioriza el enfoque metodológico, el cual más bien, desde una pedagogía alternativa debe constituir la ESENCIA de todo proceso educativo. De hecho, el día de hoy, lo más importante ya no es qué aprendes sino más bien cómo aprendes... En este sentido un enfoque metodológico acorde y coherente con la EDUCACIÓN POPULAR te permitirá construir e integrar nuevos aprendizajes significativos, relacionando debidamente práctica - teoría - práctica.
Pero justo en lo planteado respecto a la referencia RELATIVA de la competencia está la esencia de un primer enfoque de esta problemática: ¿quién define estos criterios? ¿El mercado laboral? ¿El libre comercio, ya no sólo de los productos, sino también de las personas, de las y los trabajadoras/es? ¿Criterios definidos desde el interés de quiénes, o sea para qué? ¿Desde los intereses de las y los dueñas/os de todo? ¿De los poderosos, los que se sienten ser del ‘norte’? ¿Los que se imponen en este mundo? ¿Y qué de las condiciones laborales, las cuales también inciden en la calidad profesional?¿Incluyen las competencias laborales también la voluntad y disposición de lucha por conseguir mejores condiciones laborales, condiciones más humanas?  ¿Incluyen las competencias laborales también la capacidad, habilidad y actitudcooperativa?

¿Cuál es la relación (si existe) que se perfila entre una educación basada en competencias y una educación cooperativa?  Vale la pena, reflexionar al respecto, más en nuestro nuevo contexto político aquí en Nicaragua.
¿Él que compite, no coopera?  “La competencia, los celos (profesionales), sea a nivel personal o a nivel institucional, matan.”  ¿Cuántas oportunidades dejamos de construir por no cooperar, por sentir ‘competencia’, por sentir ‘celos’, entre personas, entre organizaciones?
Vega Cantor, en el artículo mencionado al inicio, hace referencia al ‘neoliberalismo educativo’ como una lucha a muerte entre competentes e incompetentes.  Incluye en su escrito tres acepciones del término ‘competencia’:
1.    Aptitud para algo
2.    Determinada situación tiene que ver con alguien o no (le compete o no le compete)
3.    La lucha o disputa (en el mejor de los casos, como en las competencias deportivas)
El asunto es que en el mundo económico neo-liberal, la competencia es identificada principalmente bajo el tercer significado... de allí, ‘el mercado libre’, la (supuestamente) libre competencia.  Una libre competencia donde predomina la lucha de todos contra todos para poder sobrevivir y donde brilla por su ausencia la cooperación y la solidaridad.
No podemos dejar, además de ver, de prever otra consecuencia: la persona competente de hoy, ya mañana no lo es, si así lo dispone el sistema económico neo-liberal imperante.  “Hoy te necesitan, mañana te botan.”  ¿Puede esto traducirse en una política educativa, como es el caso de los ‘diseños curriculares basados en competencias’?  ¿Y por qué no podemos implementar una política de diseños curriculares basados en actitudes cooperativas en diferentes espacios de la vida: personal, laboral, profesional, familiar, comunitario, institucional, cultural, natural,...?  Toda actitud implica, según la psicología, componentes cognoscitivo (conocimientos), afectivo (sentimientos, incluyendo valores) y de comportamiento (conducta), los cuales se interrelacionan.  Personalmente le integraría un conjunto de componentes o dimensiones como: lo bio-energético, lo ético, lo volitivo, lo social, lo biológico, lo económico, lo político-ideológico, lo lúdico-artístico, lo civil, lo psico-motor, lo histórico-cultural, lo estético, ...  .  Dimensiones a integrar en cada diseño curricular, en el cual el enfoque metodológico, un enfoque metodológico basado en ACTITUDES COOPERATIVAS, debe, según nuestro criterio, ser la prioridad.
Estoy convencido que con una política de Diseño y Desarrollo Curricular basado en Actitudes Cooperativasnos estaremos preparando para la vida, en lo personal, en lo familiar, en lo comunitario, en lo laboral-profesional, en lo social y lo económico.
Enrique Cejas Yanes, profesor universitario de La Habana, en un análisis de la definición de competencia laboral, hace referencia al hecho que el traspaso del concepto de competencias al mundo de la educación puede inducir a la idea de que un currículum basado en competencias es canal de un modelo de desarrollo económico y social que tiende a sustituir valores tales como ciudadanía social, la equidad y la solidaridad por la competitividad.  Resalta a través de cita que los programas que se estructuran en términos de competencias constituyen una tentativa por reproducir a nivel del sistema educativo, la ideología que domina actualmente en el mundo económico.
En realidad no quedan muchas alternativas.  Está planteado el reto de aportar todas y todos, independientemente dónde estemos, a apoyar y comprometernos en las nuevas políticas educativas, facilitando el desarrollo de procesos de construcción activa y colectiva de oportunidades de aprendizajes integrales de cara a la vida, personal – familiar – comunitaria – social, integrando actitudes emprendedoras de calidad.  Una calidad, que se expresa en ‘calidad de vida’ y esta calidad de vida implica conciencia de ser parte del mundo, del planeta, de la naturaleza, implica un profundo respeto por nuestra tierra y todos sus componentes.  El respeto implica cooperación.  No podemos ser sólo ‘masas’ de un conjunto de individuos, sino debemos ser comunidades de personas que se interrelacionan, se comunican e interactúan constructiva y permanentemente.  Nuestras escuelas deben ser ejemplos de estas comunidades...
Para CONCLUIR:
1. Una educación basada en competencias, si implica un enfoque metodológico, entonces nos lleva a la acción, pedagógicamente e ideológicamente no aceptable, de COMPETIR.
2. Una educación basada en competencias, si implica, tal como nos quieren hacer creer, un enfoque de contenido, entonces también es totalmente errada, ya que los nuevos tiempos (era de conocimientos y de información) nos imponen la necesidad de un enfoque más en METODOLOGÍA que en contenidos.
En ambos casos, un Sistema Educativo basado en Competencias, definitivamente no es coherente con un Perfil Revolucionario de la Educación.  Por lo mismo, insistimos en la necesidad de construir juntas/os un Sistema Educativo basado en ACTITUDES COOPERATIVAS. Pueden encontrar más información al respecto en el componente de Recursos de Aprendizaje del sitio www.abacoenred.com
En nuestra Nicaragua, en esta segunda fase de la segunda etapa de la Revolución Sandinista, el reto está planteado.
Abrazos solidarios,

Dr.C. Herman Van de Velde
herman@abacoenred.com

martes, 19 de julio de 2011

Un Sistema Educativo fundamentado en Aprendizajes basados en Actitudes Cooperativas

Invitación a construir una Nueva Educación fundamentada en
Aprendizajes basados en ‘Actitudes Co-operativas’ – AbACo


(ver pautas para una PROPUESTA al final)

Herman Van de Velde, julio 2011.

Independientemente que existe una tendencia internacional, impuesto y defendido por intereses económicos globales no populares, me parece importante, necesario e indispensable una REFLEXIÓN seria en cuanto al modelo educativo que se nos quiere vender al referirse a una Educación basada en Competencias´´.  Es ampliamente reconocido el hecho que el término ‘competencia’ proviene del mundo laboral, y particularmente desde Estados Unidos.  Es importante considerar lo anterior, ya que es un contexto que lleva una intención que sigue marcándose en muchas de las situaciones donde se emplea y practica el concepto ‘competencia’ en la actualidad.

Al hablar de las competencias, me hago la pregunta en cuanto a la connotación ideológica implícita que lleva el ‘simple’ uso del término, todavía antes de aclarar su significado (que de hecho no es único, sino muy diversificado).  ¿En educación se trata de ‘competir’? ¿Competir entre quiénes? ¿Competir para qué? ¿Cuál es su finalidad?  ¿A quiénes beneficia? ¿Competir con base en qué criterios? ¿Quiénes los definen?...  ‘Carreras de competencia’ me dejan malos sabores, ya que huelen a ‘competir a muerte’, o sea pasar una/o encima de otra/o, alcanzar tus metas a pesar de las aspiraciones de otras personas...  ¿Es la intención de ‘competir’ un antónimo para la intención de ‘cooperar’?

He aquí otra connotación: ser competente implica que hay otros seres INcompetentes (pero ojo: ‘seres’ también).  Seres que (¿ya?) no pueden competir... ¿o que pierden al competir?  Quien no gana una competencia, ¿es incompetente? ¿Tiene que ser así?  Estoy seguro que no... un segundo lugar es tan importante como un primero... un 92% ó un 87% no indica una diferencia de calidad, necesariamente.  No es cierto que en el primer caso, necesariamente, haya más competencia que en el segundo.

De hecho, una persona como yo, con una discapacidad más visible, dentro del contexto de una Educación temprana basada en Competencias, nos quedaríamos fuera, excluidas definitivamente por ser INcompetentes.

Los significados del término ‘competencia’, con regularidad se asocian con ‘rivalidad’, ‘oposición’, ‘duelo’, ‘riña’, ‘pendencia’, ‘disputa’, ‘lucha’ o ‘pugna’ y en el marco de los mercados de libre comercio no es tan inusual escuchar expresiones como: hay que hundir a la competencia...  Se hace referencia a una competencia leal o desleal.... ¿pero quiénes ponen los límites entre una y otra?  Un antónimo de ‘competencia’ sería: ineptitud.  ¿Identifica la o el lector(a) la connotación negativa, descalificativa al referirse a alguien como INEPTO, no competente?

Al referirse a las ‘competencias’ como algo positivo, como la ‘habilidad’, la ‘capacidad’,... siempre se trata de una referencia RELATIVA, es decir: una competencia para... por ejemplo realizar una tarea determinada... tal que alguien puede ser competente para una cosa, sin embargo no necesariamente en otra.  De allí el concepto de ‘competencia laboral’ y dentro del área laboral, las competencias ‘profesionales’.  En estos casos se trata del conjunto de conocimientos, capacidades y habilidades de una persona para cumplir en tiempo y forma con las tareas que demanda un espacio laboral, de acuerdo a los criterios definidos.

Justo en lo último planteado en el párrafo anterior está la esencia de un primer enfoque de esta problemática: ¿quién define estos criterios? ¿El mercado laboral? ¿El libre comercio, ya no sólo de los productos, sino también de las personas, de las y los trabajadoras/es? ¿Criterios definidos desde el interés de quiénes, o sea para qué? ¿Desde los intereses de las y los dueñas/os de todo? ¿De los poderosos, los que se sienten ser del ‘norte’? ¿Los que se imponen en este mundo? ¿Y qué de las condiciones laborales, las cuales también inciden en la calidad profesional? ¿Incluyen las competencias laborales también la voluntad y disposición de lucha por conseguir mejores condiciones laborales, condiciones más humanas?  ¿Incluyen las competencias laborales también la capacidad, habilidad y actitud cooperativa?

PROPUESTA

¿Y por qué no podemos implementar una política de diseños curriculares basados en actitudes cooperativas en diferentes espacios de la vida: personal, laboral, profesional, familiar, comunitario, institucional, cultural, natural,...?  Toda actitud implica, según la psicología, componentes cognoscitivo (conocimientos), afectivo (sentimientos) y de comportamiento (conducta), los cuales se interrelacionan.  Personalmente le integraría otros componentes: lo psico-motor (de ‘capacidades-habilidades-hábitos’), lo ético (valores) y lo volitivo (voluntad y capacidad de decisión).  De esta manera le podemos dar una verdadera orientación a una Nueva Educación, promoviendo Aprendizajes basados en ‘Actitudes Co-operativas’ – AbACo.

Al identificar estas ‘AbC’ debemos de partir del hecho que como personas somos en esencia ‘constructos sociales’ históricos quienes, en esencia, partiendo de nuestras experiencias pasadas, actuamos en el presente y nos orientamos a un futuro de, cada vez, una mejor calidad de vida, no para unas/os, sino para todas/os.  Para lograr esto, es necesaria una ACTITUD basada en la CO-OPERACIÓN.  Estas actitudes básicas cooperativas (lo mínimo que podemos esperar en cada nivel educativo) debe comprenderse y expresarse desde un enfoque holístico, desde una integralidad, constituida por una inter-acción permanente de diferentes componentes, de los cuales ya mencionamos algunos anteriormente:
. lo afectivo
. lo ético como expresión de inter-culturalidad
. lo volitivo
. lo conductual
. lo psico-motor
. lo cognitivo
...

Estamos invitadas/os a CO-OPERAR en la tarea a expresar, con el aporte de todas y todos, los significados de estos componentes y de su INTER-ACCIÓN, tanto en lo particular como en general, tanto en el contexto escolar integral (comunidad educativa constituida por estudiantes, madres y padres, docentes-facilitadoras/es, vecinas/os y otras/os actoras/es clave), como en TODOS los demás contextos educativos, con frecuencia más ‘impactantes’.

Permítanme presentar sólo un ejemplo para ilustrar que las competencias no nos llevan a una inter-actuación liberadora, tal como lo ha propuesto Paulo Freire:
En una educación basada en competencias no se hace referencia a la importancia de la CONFIANZA, un valor ético fundamental a construir desde todo espacio educativo.  La confianza no sólo como una característica en la relación pedagógica, sino como uno de los aspectos del componente ético de una Actitud Co-operativa, a CONSTRUIR conjuntamente desde espacios y contextos educativos alternativos.  Alternativos porque ya no apuntan a la competencia, sino a una actitud basada en la co-operación, a una convivencia social positiva de calidad.

¿Acaso usted estaría dispuesta/o a cooperar con alguien quien no confía en su persona?   Sin embargo, una educación basada en ‘competencias’, en esencia, se basa en la des-confianza ya que califica y DEScalifica entre competentes y no-competentes.

Sugiero aplicar, en nuestros nuevos currículo, un ENFOQUE RADICAL hacia el APRENDIZAJE (también en la redacción de los documentos) como una responsabilidad compartida entre docentes-facilitadoras/es, estudiantes, madres y padres de familia y vecindad, tanto en cuanto a su facilitación (construcción de contextos) como a su desarrollo (participación activa consciente).  Dejemos atrás la aparente complementariedad entre enseñanza (orientada a formación de competencias en las otras personas) y aprendizaje y pasemos a considerar el aprendizaje como nuestra tarea ‘de responsabilidad compartida’ entre todas y todos las/os involucradas/os, basada en ‘Actitudes basadas en Co-operación’.

Que no se nos olvide que en esta discusión curricular hace falta enfatizar y desarrollar todavía PROFUNDAMENTE el aspecto pedagógico-metodológico, estrechamente relacionado con lo planteado –más bien, a penas ‘tocado’– en estas páginas.  Seguro habrá posibilidad para construir esta oportunidad de seguir aportando más adelante.  En ese nuevo aporte a construir, necesariamente debe abordarse, a fondo, el asunto de la PARTICIPACIÓN de las/os diferentes actoras/es, tanto como el rol facilitador(a) de docentes, madres y padres, y vecinas/os, también de las/os propias/os estudiantes, cada una/o desde su propio contexto aportando en la construcción de nuevos espacios, convirtiéndolos en oportunidades de aprendizajes para todas/os.

Con lo anterior no pretendo descalificar el hecho que la educación debe relacionarse desde y en nuestro contexto económico.  Pero igual hay que plantearse a qué contextos económicos pretende contribuir nuestra educación: ¿una del libre (¿?) comercio ‘inmoral’, ‘brutal’ y ‘cruel’ donde sólo el grande y poderoso logra SU calidad de vida? ¿o más bien una de economía solidaria donde todas y todos tenemos derecho a mejores condiciones de vida?  TENEMOS LA PALABRA.

Herman Van de Velde